miércoles, abril 06, 2005

Quemando Hadas

Sumiso de mis manos prospero,
Me encuentro atrapado.
La imagen se va, se pierde
Entre matorrales de malos ratos
Que sembró para pasar las noches,
Las largas de desdichas,
En las que encontraba a cualquiera
Medio borracho, medio ido del mundo
Y lo convertía en su presa, lo ilusionaba.

De mis recuerdos no visualizo nada,
¿Algo quedó, algo pasó?, no recuerdo más
que sus señas y su sonrisa apareciendo
desde la oscuridad de la borrachera
y que abrazados nos quedamos en el piso
conversando una última caja de vino...
se esfumó.

Anestesiado despierto entre las sabanas solo
Me miro de reojo en el espejo junto a la puerta,
El pequeño circulo aumenta mi reflejo y creo
Haber bebido más de la cuenta ayer, solamente
Espero despertar alguna vez con un hada.

Me derrumbo entre rumores de su llegada,
La ventana tirita de impaciencia, yo me sumo.
Las botellas bajan su volumen y me lleno,
Me entorpezco, balbuceo, vuelvo a verla llegar
Entre sabanas nadando y su cuerpo recortado de laureles
Se posa junto a mi vera a recordarme los momentos,
Idas y venidas de suspiros añejos,
Las veces que juntos encontramos en la ceniza visión,
En la pulcritud impoluta de su cuerpo al adentrarse
En los confines remotos de mi conciencia
Ebrio de besos, de abrazos, de vino por recordarle,
Lloro, resuelvo exterminar las hadas
¿Dejar de fumar, de tomar, de pensar?,
Les escupo el fuego de mis palabras,
Les quemo con la voz, les rompo las alas.
No volverán a volar a mi persiana,
No dejaré entrar, a ninguna... a ninguna.

Lleno de sobaco y sudor me despido
Sacando mi sombrero de la percha
Y quemando mis poemas, limpiando mi cabeza.

El último cigarro y pensar en no volver a empezar.

martes, abril 05, 2005

Hombre de Palabra (basado en una historia policial)

Y le prendió fuego no más, y más aún la curiosidad, un curioso transeúnte le consultó:
- Amigo, ¿que le pasó?
- Es mío, yo lo quemé, y qué.

Es así como Raúl prendió su auto justo cerca del vertedero, al costado del camino. Llegaron los bomberos, que sorprendidos, recibían la misma respuesta que recibió el transeúnte curioso.
- Oigan, yo lo quemé, y qué.
Llegaron los carabineros, quienes eran un poco más incrédulos que los bomberos. Se acercaron al ciudadano común, y le preguntaron amablemente:
-¿Que estai haciendo gueón?
- Es mi auto, yo lo quemé, y qué.

Ante está inusual respuesta, convidaron a Raúl a subir a la patrulla.
- Ya parece que estamos pasaos gueón, sube.
- Pero si la calle es pública
- Pero la vereda no.

Y quizá tenía razón, quizá tenía razón otro, lo cierto es que Raúl fue apresado por encontrarse en estado de ebriedad y por disturbios en la vía pública. Al otro día, su mujer, alertada por un llamado, llegó hasta la comisaría para llevarse a su esposo, quien quedó sobreseído por falta de méritos. Antes de irse, el sargento le preguntó a la mujer:
- Su marido quemó el auto, ¿usted sabe porqué lo hizo?
- Le compramos el auto a un vecino en 300 mil pesos, imagínese. A la primera semana salimos todos arriba de él y en la primera cuadra se quedó empana. Cada vez que se subía a él se quedaba empana. Siempre amenazaba con quemarlo, y ahí tiene, lo quemó. No estaba curado, debía tener un par de chelas en el cuerpo, eso no es estar bajo la influencia del alcohol.
- ¿Oiga y que hace su marido?
- Es chofer de micro


E aquí el meollo del asunto, claro. Un chofer de micro, arriba de una máquina amarilla recorriendo el cemento gris todo el día, teniendo que pasar día tras día por tacos irritantes, que tenga la posibilidad de salir a tomarse unas cervezas, y que el auto que compra para hacerlo suyo no parta, es como para quemarlo, asi lo prometió y así lo hizo. Gente de palabra, como la que hoy es escasa y cuesta encontrar. Ve pues, ahí tiene un ejemplo vivo.[ p!oJo]