Blanca y verde reviste
Mi pasiva mirada,
De oscuros deseos se inunda.
Alegre y sonriente, triste y pálida,
Trenzando mis piernas a dos caminos,
A gafas rotas, a ojos heridos.
No quiero hadas, son reales
Las manos que la tocan.
Sus líneas hipnotizan mis sentidos.
Subgeto, me encuentro amarrado
A las imágenes idílicas
Del espacio que llena mi deseo.
(vierto mi cuerpo en el cuaderno
y devuelve un resto de mí)
Tal pulcra, tan suelta y directa,
Que comparte mis vicios y alegrías,
Que comparte mis vicios y penas,
Mis dudas, mis temores, ella, segura,
Seguramente dudosa.
Y yo que me pierdo entre las calles
Me pierdo de mis pensamientos profanos,
Con la luna como amiga,
Pobre compañera, que, pálida, la recuerda llena.
Rezo, de rodillas, por primera vez en años,
A una iglesia romana, con un relicario.
Me bautizo con la sangre de sus piernas,
Soy hereje como siempre: mala virgen la parió
Para hacer sufrir mi cuerpo hermano de la cruz.
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