domingo, julio 31, 2005

Solo lo más hermoso de la borrachera puede
intentar igualar el descanso de mirar por tus ojos cerrados;
el descontrol de llenar cada espacio con un susurro
que haga parecer que me quiere un poco.

Despertar arropado con las sabanas que pesan
más de lo debió pensar al hacerlas cobijas
de noche arduas, de soledades enmascaradas,
de un efímero abrazo y recortado por la luz
del alba cuando limpia almas podridas.

Ayer, estúpido soñante, creí ver en tu boca
la palabra que encantaría mi desdicha,
Pero tan solo era una palabra a un otro
Que escuchaba lo que hablamos y le sonreías.

Sin embargo, cuando me acerco a otra
Salen de tus ojos fieras que escupen odio al ambiente,
Triturantes palabras silenciosas y contaminantes paseos mirando el suelo de los lugares en que enterrabas, constantemente, mi corazón junto a las latas vacías, pateando la perra de juguetes que manipulabas para que te sirvieran, en un momento se alejan y pareciera que sientes el resentimiento de no haberlo aprovechado más, el odio del “se acabó con él” y la vuelta, cualquier luna, a engatusarme y colgarme los hilos nuevamente. Y solo borracho puedo hacer resucitar la esperanza de mi cuerpo manipulado.
Solo soy un cobarde que no puede
Mirar por más de un minuto los ojos
De aquella persona que me inspira
A vivir melancólicamente la vida,
Con ella no puedo ser un poeta
Que verse lo que versé alguna vez a otra,
Con ella no… no puedo ser.

Con ella volví a sentirme, placidamente, como la mierda
Cuando se posan a su vera estropajos que le acaloran el cuerpo
Y le roban un beso borracho y uno que otro sobrio.

Estoy cansado de soñar cada noche con su figura
Y que cada sueño me recomiende el olvido,
Como advirtiendo el sino de mis días: el olvido.

¿Y si en un segundo traspaso los temores y encuentro el valor que tengo dentro de mí, me animo, sonrío y dejo volar las palabras que deambulan, constantemente, en mi cabeza? ¿Cómo si fuera fácil olvidarme de todo lo que soy y dejar todo atrás?. Cada día siento que su sonrisa me traspasa el cuerpo y toca mis gónadas sin necesidad de roce, produciendo un desencadenamiento de ficciones que no se realizarán jamás. La veo atormentada por sujetos que la instigan a frecuentar personalidades que ella inventa para agradar al resto... y sabe que yo la entiendo, que bebo por ella y su sonrisa borracha, por la inocente y la cansada, por sus ojos después de noches sin dormir, su cara de borrachera y sus lentes presentes, su anhelo por conocer lo que nunca conoció, por vivir como nunca vivió.

Ahora, como siempre, bebo un poco de vino y la miro alejarse con otro que conozco.
www.subgeto.blogspot.com

sábado, julio 30, 2005

Solo soy un temeroso bandolero
Que se escapa de la noche por temor
A verte en otros brazos, me hace mal.

Soy un perro que sigue un aroma a hada,
De quien no lo es, si no que es demasiado terrenal
Y se engatusa con cualquiera
Que no sea yo.

¿Puedo perder el miedo a quedar como un idiota?
No puedo dejar de serlo,
No puedo dejar de callar y ser
Un patético que siente su cuerpo
Y su corazón desgarrado

Quién soy yo, me lo invento
Y juego a saber que tengo una vida
Que alguien me extraña.

¿Puedo dejar de ser yo?

lunes, julio 25, 2005

El triunfo de una nube gris

Los días se han ido puesto cada vez más grises. Ya no sirve con mirarnos y ver que el azul de nuestro propio cielo está intacto y más brillante que nunca, porque esa ilusión dejó de ser así.
No sé donde ni cuando se nos quedó enmarañado el cielo azul, ni tampoco recuerdo bien porque no hemos vuelto a rescatarlo, pues era más nuestro que cualquier otra pertenencia. Pues bien, el azul se convirtió en ese gris de las peores épocas, aquellas de las que ni tu ni yo queríamos volver a recordar, porque juntos mezclamos colores sacando un azul perfecto que se manchó con gotas de tristeza.
Las nubes grises trajeron consigo un sinfín de nuevas penas, de esas que provocan el dolor del alma que alguna vez fue herida, pero que el azul perfecto logró sanar. Estas nubes llegaron inmunes a cualquier azul perfecto que las quiera teñir, y bien sabemos que cuando eso ocurre, no hay mucho que nuestra cubierta pueda sostener.
Y así no más pasó que las gotas de la gris nube entraron en lo profundo y quebraron la armonía del azul perfecto, haciendo que tu y yo hoy no sepamos que más hacer, pues bien la vida nos dijo que la nube gris solo pasa cuando los colores se separan sin poder volver a reunirse. La ruptura de la cubierta, y el dolor del alma nos dejan el último recurso como único procedimiento, aunque ninguno de los dos quiera perder ese color perfecto que logró con aquel complemento perfecto.
Quien más que yo quisiera tener la cura a todo mal que te aflija, a cualquier dolor que llegué a tu alma, pero sé bien que jamás me preocupé de asegurar nuestra cubierta, pues nunca había visto un azul tan lindo en mis ojos y en los tuyos.
Pero la nube gris no pierde, y si tengo que tomar lo poco y nada que me llevo de tu recuerdo, para que vuelvas a ser feliz, lo haré porque el cielo azul que vi junto a ti no lo olvidaré jamás, y creo que aún tu puedes lograr ver en ojos ajenos uno mucho más brillante. Buenas noches, cierra esta llave que hay muchas otras puertas que esperan abiertas por ti. No te preocupes en recordarme, yo lo haré por ambos.

domingo, julio 10, 2005

Rata.y.nube

La rata no conoce de alegrías permanentes, ni tampoco de amistades que reporten felicidad, aunque sea a cuentagotas. La rata persevera en su lucha por hacer simetría entre su tristeza prolongada, y la oportunidad de estabilidad emocional del otro. Es el bombero ideal de cielos azulados y arco iris de sonrisas multicolores. Para la rata, que sus cercanos vivan con una pena, cualquiera, o quizá con un resquemor en la mente y corazón, le significa la oportunidad de levantarse al otro día sabiendo que todos viven su pobreza, que todos recitan su desazón, y que no pueden escapar del infierno que la rata ha dibujado de manera fina y sutil para ellos.
Porque la rata en algún momento pudo ser feliz, porque vivía con un sol, un sol de mil colores. Pero un día el sol no soportó el poder del mal que poseía la rata, entonces tomó lo que encontró, y con una pena larga de dejar al lado de la oscura rata a tres nubes blancas, se esfumó a otro planeta para siempre, para nunca más ser opacado por la rata y el negro corazón que poseía.
Entonces la rata no tuvo más remedio que continuar desarmándole ilusiones a las tres nubes blancas que el sol no se pudo llevar. La curiosidad vive en que dos de las tres se volvieron negras, pues no tuvieron más remedio que apagar la sonrisa multicolor y someterse al yugo del dolor y tristeza que la rata había tejido con tesón para ellos. Sin embargo, una sola blanca nube se mantuvo firme, pues era el fiel reflejo del sol, con algunas desmejoradas inquietudes, pero que mantenía el espíritu de su mentor: la felicidad.
La rata al ver que su plan tenía un peligroso disidente, se ocupó de buscar en el manual mil y una artimañas de las efectivas, que provocaran socavar el eslabón final del sol en la tierra.
Si la nube blanca tenía amistades, la rata tenía suficientes raciones de males para derrotarlos a todos. Cualquier descuido o error de la nube blanca era riqueza para la rata.
Así y todo, la nube blanca, cuando quedaba poco para ceder a la presión del mal, encontró la reencarnación de la felicidad de su mentor el sol. Era una pequeña flor, que poseía un millón de colores, un millón de sentimientos llenos de ilusión. Entonces, sin más demora, la nuble blanca se le unió y se hicieron mucho más que dos. Renovada la nuble volvió al enmarañado lugar de la rata, que le tenía preparado un agasajo de nuevas tristezas que pretendían opacar su corazón. Pero la nube se hizo aún más fuerte, entonces tomó lo que encontró, e imitando a su mentor se fue sin decir adiós. Se llevó consigo a la flor, y hoy buscan de planeta en planeta a un sol que triste espera con impaciencia que lo encuentren sus nubes que dejó en la tierra, y que recobre el misticismo y color de mil arco iris, de millones de nuevos cielos azulados llenos de vida. Para allá va la nuble y su flor.

sábado, julio 02, 2005

Desprender el ojo que cuelga
De la gotera que enfría los huesos
Y las manos que cuelgan rejas
En el cuello de quien quieres,
Sacar los ojos de quien mira
Los ojos que solo yo quiero mirar.

Una sonrisa brota del demonio
y se posa junto a la angelical
escupo sangre, aliento desperdiciado,
llanto en luna a cuatro muros,
blancas paredes que se ensucian
con mi sangre, mi escupo, mi aliento.
Humo, fiestas pegados, andanzas,
Noches en pena vino marrón
Recorriendo mis sucias encías
De versos mal repartidos al viento
Que no llegaron al puerto querido,
impuestos, estos, recuerdos macabros,
inexistentes, una sonrisa amarrilla
que irradia la luz manchados de comida
que solo encuentra limpieza en lenguas ajenas.

Una mirada que nunca existió
Un cerebro marchito de corazón
Un camino, recorrido, sin recorrer
Un ciruelo que bota sus frutos
Y que mancha los pies
Unas hojas que caen al pasto
Un silencio corrompido por voces
Que se mezclan en mi cabeza.

Unas manos rojas, siniestras, le tocan el cuello,
Y tal vez le muerdan las venas
Y toque su vida.