Estoy aburrido. Yo también, algo no me gusta de esto, qué haces. Pienso. En qué. En todas las cosas que quisiera decir. Y por qué me tomas las manos mientras piensas. Porque es por eso que estoy aburrido, estoy harto de vivir siempre dentro de mí, jamás fuera. Y por qué siempre dentro, a qué le temes. A quedar en ridículo, a que me digan que no. Qué más da quedar en ridículo, la vida pasa, las cosas pasan. Me encanta que me diga eso, parece que algo se puede hacer con lo que pienso, pero, por supuesto, no voy a decir todo lo que quiero, lo más seguro es que nada de lo que quiero. Pero ahora estás hablando. Es que aquí es más fácil, aquí nadie me escucha. Lo escucho yo. Pero usted siempre me escucha, es la única que me escucha. Deja de tomar un poco y me iré, serás libre. No quiero ser libre, quiero estar con usted, con sus manos, con sus pies. Pero continuarás ensimismado, lejos del mundo real. Prefiero morir enajenado con usted a vivir como se me presenta la realidad. Eso no está bien. No me importa si está o no bien, no me importa morirme un segundo y soñar con esto eternamente. Por qué siempre tan mamón. Es lo que soy, nada más, así me conociste. Sí, pero cansa. Y es por eso que me deja cada cierto tiempo. Pero siempre vuelvo a tu lado. Sí, siempre vuelve, le hago bien, la tranquilizo. Que es por lo mismo por lo que me buscas, para sentirte bien contigo mismo. Es una ayuda mutua.
-Qué haces.
-Pienso.
-En qué.
-En nada.
-Tú nunca piensas en nada.
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