Beber hasta perder
Tiempo y espacio,
Vergüenza de cuerpos arrastrados
(Trono de posar baberos).
Mirar hasta perder
El pudor de ser sorprendido
Mirando un escote
O tocando un pómulo con un pulgar.
Solo viendo un espejo recostado
Y elevar el cuerpo a la piedra
Tallada por el dios en que creo:
Yo, ego; sujeto
A hacerme solo en la vida,
Obligando a matar mi temor
(Incluso a caer en lugares comunes
Para intentar mostrarme decadente y maldito,
Tal vez sin serlo)
A la caída, al error.
Me puedo levantar mil veces más.
Costras con sudor,
Cuerpos raspando sangre
Con ojos que miran rojos,
Con el daño de lágrimas
-¡Malditos fascistas, poco crueles
Conmigo para hacerme hablar!-
Callan el siniestro bozal, y escupo
Solo la labia inferior,
Estornudo al demoníaco creador.
Yo soy una minoría
-¡Maldita masa, maldito redil!-.
¡Que asco me da su mirada, Dama,
Tan pura y poco helada!.
domingo, noviembre 13, 2005
Sueño contigo
Los días martes, generalmente,
Después de masturbarme cuatro veces
Pensando en tus piernas.
O los viernes, luego de seis cervezas
Y haberte tocado la cara con mis uñas
Con ganas de marcar tu espalda
O con ansias de decir
“venid aquí, pequeña, a que os azote”
Y hacerte reír por quince minutos
Con palabras de bragas al rincón,
Besar tus manos y olerlas luego.
Pero los lunes no
Cuando vuelvo a hablar, sobrio, contigo,
Y las palabras perecen pesadas, forzadas y arriesgadas.
Cuando fumo, por placer, viéndote pasar,
Sonriendo, con alguien,
Mientras miras de reojo, sin saludar.
O cuando los miércoles me emborracho con otra
Y no logro sacarle más que un efímero beso
Que olvidamos en la mañana
Luego de un apretón de manos.
El resto de los días
Tengo romances con cualquier novelita
Que prometa mostrar
Alguna manera de acercarme,
Pero las desecho por burdas,
Livianas y patéticas,
A pesar de confesarme uno.
Hay límites.
Aunque, lo más seguro, es
Que con quien duermes hoy
Te llevó con frasecitas,
Historias y rimitas baratas.
Es lo que te gusta:
Profundidad liviana.
Hoy me acuesto solo…
Es martes.
Los días martes, generalmente,
Después de masturbarme cuatro veces
Pensando en tus piernas.
O los viernes, luego de seis cervezas
Y haberte tocado la cara con mis uñas
Con ganas de marcar tu espalda
O con ansias de decir
“venid aquí, pequeña, a que os azote”
Y hacerte reír por quince minutos
Con palabras de bragas al rincón,
Besar tus manos y olerlas luego.
Pero los lunes no
Cuando vuelvo a hablar, sobrio, contigo,
Y las palabras perecen pesadas, forzadas y arriesgadas.
Cuando fumo, por placer, viéndote pasar,
Sonriendo, con alguien,
Mientras miras de reojo, sin saludar.
O cuando los miércoles me emborracho con otra
Y no logro sacarle más que un efímero beso
Que olvidamos en la mañana
Luego de un apretón de manos.
El resto de los días
Tengo romances con cualquier novelita
Que prometa mostrar
Alguna manera de acercarme,
Pero las desecho por burdas,
Livianas y patéticas,
A pesar de confesarme uno.
Hay límites.
Aunque, lo más seguro, es
Que con quien duermes hoy
Te llevó con frasecitas,
Historias y rimitas baratas.
Es lo que te gusta:
Profundidad liviana.
Hoy me acuesto solo…
Es martes.
Última Hada, ¡quemada!
Quemo
Cada una de sus letras;
Cada una de sus alas;
Cada palabra regalada;
Cada imagen…
Quiebro mil palabras,
Las escupo una a una,
Las vomito, las relego al fondo de mi pluma.
Cada mirada, cada salida,
Cada instante con bostezo,
Cada silencio con palabras.
Quemo a la última de mis Hadas.
¿Lunas de testigo?
Hoy, lunas después, gracias.
¿Ver realidades sin alas?
Podré ver apagarse ojos fatuos,
Podré olvidar el idilio,
Pero, por el momento, podré ocupar mis manos
En no recordar ni tu voz ni tú espera,
Ni tu pulcra figura ensuciada
Con la última voz que escuché
(Aun la escucho eructar mientras vacía mi pecho).
¿Olvidaré recitar en cada momento
Versos tuyos, ahora, vacíos?
Podré aprovecharlos con lecturas ajenas que eternizan vicios.
Mi amor blanco en blanco,
Mi corazón en tinta china, la más barata,
Para quien quiera escuchar
La tos de apagones,
Los barrotes de celo
Y la ironía, de otra, vaciada
En el techo completo de muros cerrados
Con vellos de cualquiera, menos
De aquella que idealicé.
Dormir donde sea,
Sin ser andariego, buscando,
No un cariño, unas manos que laven
La tierra de mis costras.
Me voy al poste a cantar a una farola,
¿Lejos de mi cetrino camino?
(¿Él conquistará si es noble varón?
-Solo para seguir en el fango).
Cada una de sus letras;
Cada una de sus alas;
Cada palabra regalada;
Cada imagen…
Quiebro mil palabras,
Las escupo una a una,
Las vomito, las relego al fondo de mi pluma.
Cada mirada, cada salida,
Cada instante con bostezo,
Cada silencio con palabras.
Quemo a la última de mis Hadas.
¿Lunas de testigo?
Hoy, lunas después, gracias.
¿Ver realidades sin alas?
Podré ver apagarse ojos fatuos,
Podré olvidar el idilio,
Pero, por el momento, podré ocupar mis manos
En no recordar ni tu voz ni tú espera,
Ni tu pulcra figura ensuciada
Con la última voz que escuché
(Aun la escucho eructar mientras vacía mi pecho).
¿Olvidaré recitar en cada momento
Versos tuyos, ahora, vacíos?
Podré aprovecharlos con lecturas ajenas que eternizan vicios.
Mi amor blanco en blanco,
Mi corazón en tinta china, la más barata,
Para quien quiera escuchar
La tos de apagones,
Los barrotes de celo
Y la ironía, de otra, vaciada
En el techo completo de muros cerrados
Con vellos de cualquiera, menos
De aquella que idealicé.
Dormir donde sea,
Sin ser andariego, buscando,
No un cariño, unas manos que laven
La tierra de mis costras.
Me voy al poste a cantar a una farola,
¿Lejos de mi cetrino camino?
(¿Él conquistará si es noble varón?
-Solo para seguir en el fango).
Suscribirse a:
Entradas (Atom)