Quemo
Cada una de sus letras;
Cada una de sus alas;
Cada palabra regalada;
Cada imagen…
Quiebro mil palabras,
Las escupo una a una,
Las vomito, las relego al fondo de mi pluma.
Cada mirada, cada salida,
Cada instante con bostezo,
Cada silencio con palabras.
Quemo a la última de mis Hadas.
¿Lunas de testigo?
Hoy, lunas después, gracias.
¿Ver realidades sin alas?
Podré ver apagarse ojos fatuos,
Podré olvidar el idilio,
Pero, por el momento, podré ocupar mis manos
En no recordar ni tu voz ni tú espera,
Ni tu pulcra figura ensuciada
Con la última voz que escuché
(Aun la escucho eructar mientras vacía mi pecho).
¿Olvidaré recitar en cada momento
Versos tuyos, ahora, vacíos?
Podré aprovecharlos con lecturas ajenas que eternizan vicios.
Mi amor blanco en blanco,
Mi corazón en tinta china, la más barata,
Para quien quiera escuchar
La tos de apagones,
Los barrotes de celo
Y la ironía, de otra, vaciada
En el techo completo de muros cerrados
Con vellos de cualquiera, menos
De aquella que idealicé.
Dormir donde sea,
Sin ser andariego, buscando,
No un cariño, unas manos que laven
La tierra de mis costras.
Me voy al poste a cantar a una farola,
¿Lejos de mi cetrino camino?
(¿Él conquistará si es noble varón?
-Solo para seguir en el fango).
domingo, noviembre 13, 2005
Suscribirse a:
Comentarios de la entrada (Atom)
1 comentario:
Publicar un comentario