sábado, abril 22, 2006

Condenadas alimañas a mi alma,
Descuerándose y alimentando mi desidia,
Escupen, socarronas, pedacitos de una
Que en los bordes de mi dicha, agolpada,
Viraba hasta la vera de retazos. Despreciada.

En mis sueños, sin mis manos, saboreaban
Cada margen, iracunda, de mis ojos.
Sin pensarla, sin tocarla, sin llamarla
Por su nombre, encontraba esquelas
de feéricos destierros. La consumían.

Perla hada, boca abajo, descontenta,
Marginada de mis sueños, desplazada
Por la mugre que en mi mente deposita
La palabra insinuada en mi memoria
Cuando, ebrio de deseo, la sentía y se alejaba
Musitando un descontento, alguna pena
Enterrada en mi expresión socavada.
Una pluma vuela de su pelo,
Escribiendo, en el viento, con mis vísceras
La canción de los trechos mojados,
Del olvido, del ocaso, de la muesca.


Alojadas alimañas, pacientes compañeras,
Digieran lo que quieran, tranquilas,
Sumisas, sueltas y fieras, ensanchen hastío
Y no me dejen solo
En destierro.

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