No puedo aferrarme a emblemas
Ni cansarme de escupir paredes,
No tengo la razón para hacer pensar al mundo
Si no tengo antorchas en la cabeza.
Para renunciar, qué.
Continuar clamando al cielo ayuda que no existe
Miradas de demonios viperinos que no nublen,
Ni asqueo derretido en la ceniza.
Es mejor llorar al despertar de noche
Que vivir creyendo que estoy seguro
De nada de lo que ocurre.
Me llaman perdones y ángeles para susurrarles
Que ayudo al terreno chupando las calles
Y así, sometido al cetrino relleno de mis pies,
No terminar desterrado del paraíso,
Se lleva el azoro pueril de asombro
O el deslumbre de pestañear
Al no saber si estoy envela o nubloso.
Antes del término del día estaré en la tina
Hablando brillante ante mis más cercanos
Y mi tranquilidad quedará para la mañana.
martes, septiembre 11, 2007
Suscribirse a:
Comentarios de la entrada (Atom)
No hay comentarios.:
Publicar un comentario