Yo quiero ver cómo crecen las semillas
Que han engendrado desde el tiempo de la luz
Y cae, sobre los pechos, la sabiduría,
Que por años negada fomentó el secreto
Y rostizó las calvas maneras.
Cómo asumen en tercer tiempo
Los genocidas de hoy
Bajo el alero de una voz que crean
Para lavar a la gente directa.
Años fueron los consiguieron
Tras el mismo engaño de perros,
Las mismas palabras, tiempo y tiempo,
Lo que se puede,
Lo que se esconde
Lo que podemos.
Así solventaron los astros
La mirada
Los sentidos a la gente.
No comentaron nada
Sencillamente aplanaron el terreno
La bota
Ahora era un zapato un traje;
No cometieron el mismo error,
Se escudaron de legitimidad:
Hicieron creerse legibles,
Se hicieron lo único,
Salvadores.
Nuestros padres,
Los que quedaron en el terreno
Los que no se secaron por salvar su vida
Sino los que se sacrificaron por el retorno
Ahora están perdidos
Muertos
Asustados del poder que ellos confiaron
Esperando su turno
Para no morir como inservibles.
Cada palabra, al criarnos, era por eso
Era dejar que ellos en su momento les tocaría
Que ellos, llegado el momento, no comprarían la carne de la bota
No lamerían los zapatos del norte
No callarían si algo no era…
Pero los lavaron
Les secaron los sesos
Les secaron los sesos a sus hijos
Esperaron la misma línea,
Pero algo se rompió.
¿Habrá sido la calle que cría con desconfianza?
¿La noche que espera cuando ellos duermen para cometer la lujuria?
Los parques que se expanden por lugares que no creían que sobrevivirían
Y el techo de juguete que soportó la impotencia que reconocíamos
En cada mirada de la anterior generación.
Callan cuando no sobrepasan
Y adornan su tercera guirnalda
El espiro de los ricos días de verano
Jugando en un grifo o cantando la acera.
Los robles que se caían de la risa
A los terrenos del cosmos:
El anillo del cielo,
La nube de credos
Y la ira del vuelto a mirar.
Soñamos con hastío
O conformarse.
No reconocerán el término del contrato,
El escombro del deseo.
Por los pasos que dieron de más
Cuando no sospechaban que el muerto no sería cargado
Si no que cremado en la puerta del templo,
Conocerán la vida de lo no castos de pensamiento
Despertarán en el aras: desnudos, impropios,
Muriéndose de frío.
La falta de costumbre a la necesidad,
La condena de rezar cada mañana en la misma puerta,
A la misma hora rogando olvidar lo vivido lo hecho.