Un golpe de abrigo
en el olor a lavanda,
necesidad de olvido o selección,
a veces, querer no sentir.
El mundo lo dibujé deseante,
caí en el error de no producir.
O tal vez no.
Hablaba por divagar,
por abrigar la mente.
Llevar la cavilación al ara
y jurar en vano al despertar
que no pensaba.
(Se abrazan los recuerdos:
preguntas necesarias que helaban,
paseos de sonrisas y cuasi encuentros,
secuestros para sentir,
el silencio frente al resto
con los códigos que creamos)
Lavanda en el bolsillo.
La paz de las caricias
en que rozábamos el querer,
sin importar, parecía,
el mañana, los viajes
que en mi cabeza se creaban
y no sostenían mí mano los que apedree,
las moscas me dejaron
cuando no sentí culpa,
solo me dejé llevar.
Tranquila, mañana pasará,
y estoy dispuesto al silencio,
a calmarte y a llevar
las cavilaciones a cualquier puerto,
sin necesidad ni esperar
más que verte sonreír.
Olor a lavanda.
domingo, mayo 31, 2009
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