Asesorada, entremedio recuerda,
Flores, años, días macabros,
Cuando resulta que los aros se pierden
Y se reconocen en los espejos
Vidrios rotos –lugares comunes
En los que cualquiera recitaba-.
Una lágrima cayendo del florero
Antes que se marchara al alba,
Maldita hada dorada de mentiras,
Maldita mujer que roba mis sueños,
Malditos sueños que despiertan agrios besos.
El frío que se derrumba entre sacos tímidos,
En los que no estás, en los que no te recuerdo
Por la inexistencia de buenos despertares, a tu lado,
No cree en mentiras, ni me vuelve duro, lo soy
Tanto que a mis pies se derrumban trapos añejos,
Los malos poemas que escribo,
Los sueños que entre sábanas se casan
Y saborean pestañas de extraños ojos
Que me miran como queriendo inocencia,
Pero no soportan su sordidez enajenada.
Un último café, un último cigarro. Una última copa
Sin brindis, sin cielo, sin voces que canten angelicalmente
Mal, como gorriones o gatos con frío sobre un tejado.
Un último beso en mis sueños y borracho me despido.
sábado, mayo 28, 2005
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