Remake del ensayo de Juan Andres lagos "a 30 años del golpe". Introducción al programa popular de la UP.
Del punto de vista de las correlaciones de fuerza, de la situación internacional, de las expectativas y apoyos que generó el gobierno UP, en Chile, América, Europa y todo el mundo, no hay ninguna razón determinante para concluir, ahora incluso, que el programa revolucionario de la izquierda era inviable. Nada más lejos de aquello.
Si sólo se compara ese momento histórico, con el actual, se podrá ver que el realismo político, la historia, tienden a confirmar que ese proyecto revolucionario era posible, con todo lo que ello implicaba.
Un proceso de acumulación de fuerzas que había logrado grandes e importantes reformas al estado, que había aglutinado a las clases y capas sociales más dinámicas y participativas de la sociedad chilena; que tenía a su haber una buena parte de la hegemonía en los movimientos sociales y populares; que incluso tenía notables influencias al interior de las Fuerzas Armadas, Carabineros e investigaciones, no puede ser visto desde la óptica del fatalismo cobarde, que hoy busca justificar las opciones del presente.
Pero tampoco es justo hace alinearse a ojos cerrados en el triunfalismo, pues sin asumir errores que fueron cometidos y que son relevantes en la derrota, no se puede reencausar la lucha de este tiempo.
¿Era plausible tener presente la ofensiva imperialista, en medio de la lucha que se estaba dando a conocer entre el campo capitalista y el socialista, para derribar al gobierno popular chileno? El precedente de la Revolución Cubana era un dato histórico no menor.
Estados Unidos había fracasado con su intento de reformas de Alianza Para el Progreso, en el continente, y el proyecto DC se había trizado definitivamente.
En el cono sur, se comenzaba a desestabilizar el modelo de dominación, surgían movimientos políticos y sociales de claro sentido emancipador. Chile no era una isla, muy por el contrario, en Perú, Bolivia, Argentina, Uruguay, había fuertes tensiones y procesos políticos democráticos y con un acentuado sentido de liberación.
Es preciso asumir que el gobierno de la UP, en primer lugar, es la expresión máxima de un momento histórico en donde se crea una situación revolucionaria. Este enfoque cambia radicalmente la mirada de un proyecto en donde tan importante como las realizaciones sociales, políticas, culturales y económicas, era asumir con la misma magnitud el tema del poder político.
El estado chileno, especialmente su institucionalidad política, era el primer gran obstáculo para las realizaciones planteadas: el parlamento bicameral, el poder judicial y el propio poder ejecutivo, las Fuerzas Armadas como instituciones, con su doctrina estrechamente ligada al imperialismo, debían ser cambiadas o modificadas sustancialmente. No por casualidad Allende y un equipo de sus colaboradores más cercanos, habían llegado a diseñar una nueva Constitución, que incluía un nuevo parlamento. Esto requería un diseño táctico que hacía altamente probable el funcionamiento de esta idea.
El programa de la UP y el gobierno, eran revolucionarios, no reformistas. Pero ello obligaba a un camino revolucionario, a una vía política, y lo clave para abrir los espacios a la construcción participativa del pueblo y, en ese proceso, ir superando la institucionalidad política y estatal vigente.
Había que haberse planteado, desde el comienzo, este proceso de construcción participativa, porque no es verdad que el pueblo era totalmente sujeto de los cambios. La revolución requería un salto de calidad total y completo, no gradual.
p!oJo
martes, febrero 15, 2005
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