Se ve pasar de mi ventana gris una carabana de autos sin señal de luces encendidas, por canciones fúnebres tienen a las bocinas de desesperación, luchando por alejarse del cementerio que es santiago centro. En sus cerebros deambulan problemas contingentes, que pueden ser un trabajo mal hecho, una riña... que puede ser que no les alcanzó el dinero para sacar a la niña que tanto les gustó del cabaret y deben volver, obligados, a la rutina de su vida. Deben volver a los problemas continuos de un mal matrimonio, de la vida de sus hijos, de las preocupaciones del la casa, las cuentas, los vecino, que el auto, todo lo que obliga a consumir la sociedad en la que estamos sumergidos. estos sujetos tiene por costumbre tirarse a las secretarias, a las niñas de los cafés de las esquina o a cualquier mujer que les sirva para enajernar ssu triste y cotidiana vida. a mi me toca ver a muchos de ellos llegar (no digo que todos sean así). estos hombres frustados buscan la juventud y la esperanza en un polvo sin amor.
Pasan en caravana los muertos que creen que están vivos dentro de autos y micros, estos vehículos contaminan el cielo gris con más monóxido de carbono. Yo en mi escritorio fumo un cigarro, tranquilo, mirando como pasan.
Pasan mirando dentro de sus vidas, lloran por dentro, se entretienen pensando que es su decición la vida que han tomado, que tienen individualidad, sufren por hacer actos egoístas sin saber que está todo epnsado para que sean miseráblemente felices, miseráblemente igual al que está junto a él.
Pasan queriendo creer que todo está bien, pero saben que no.
miércoles, enero 26, 2005
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